Cuando mi espíritu sonríe

Un día alguien me conto una historia, probablemente una de las más bonitas que he escuchado, más aun en estos tiempos, quizá tú, esta persona o quien la haya escuchado o quien la vaya a leer no la entienda y valore en su inmensidad, más te invito a que abras tu corazón, te invito a que lo sientas y luego lo vivas, entonces respira y luego siente esa esencia del bien, cierra los ojos y ábrelos lentamente, veras algo diferente, y es que estarás empezando a ver con los ojos del alma. Por ahora en este párrafo tan solo diré que en este relato hay un gran mensaje y una enseñanza para cada ser; con ello sentimientos y actitudes como el ego, el orgullo, el egoísmo, la vanidad, la soberbia, la ambición, entre otros, son simplemente regresados aquella caja de Pandora de la cual nunca debieron salir para contaminar la expresión más pura y noble, el Amor. A veces un gesto sincero que nace de lo profundo de nuestro corazón irradia semejante brillo de fuerza infinita que males aquellos simplemente no resisten la grandeza del bien.

¨Aquel día había sido tan cargado, tan aplastante, no intentaba entender aquellas formas tan desgastantes, tan solo me decía a mí mismo es solo trabajo y lo repetía más de una vez, pero, ¿ Realmente estaba convencido de ello?, creo que no, lo que buscaba era levantarme el ánimo y continuar, no obstante este agotamiento del final del día se traducía en un cansancio abrumador, solo quería llegar a casa a dormir y olvidar, así que me dije hoy no me voy en metro, tomare un taxi; tenía un billete de veinte, no me importaba el gasto que demandaría el taxi, la idea era llegar prontamente a mi departamento, tirar el traje formal, ponerme pijamas, reposar y desconectarme, claro que nada me aseguraba que mañana podría ser otro día igual. Ya en la calle, corría un viento helado propio de una estación de invierno, camine hacia el puesto de dulces de Rosa María, la dueña, a comprarme un cigarrillo, en eso alguien llamó mi atención, era un muchacho de unos trece o quince años aproximadamente, con la carita algo sucia y ropas algo viejas, traía consigo una fuente de postres, para mayor precisión vasos descartables con mazamorra morada y arroz con leche, el joven al acercarse a vender sus vasitos a los carros que estaban detenidos por el semáforo de luz roja, en un descuido por el cambio de señal tropezó, yo en tanto prendía mi cigarro y camine dirigiéndome a la otra esquina rumbo a tomar el taxi, entonces observe que el muchacho no salía de su asombro toda aquella bandeja con postres ahora yacía en el suelo, los carros y buses empezaron a tocar el claxon muy fuerte a modo de apurarlo, algunos le lanzaban gritos, en si no entendían lo que le acababa de pasar a este joven, es más las personas que transitaban por la acera seguían de largo sin inmutarse o de repente sí, pero para ellos había otras cosas más importantes, yo seguí avanzando hacia a la esquina, en eso a mitad de cuadra me detuve, mire el billete de veinte en mi mano, sentí la pesadez del cansancio, pero recordé también el rostro del muchacho, y obedeciendo a un impulso sin explicación alguna, regrese al puesto de caramelos, ahí cerca de una pared estaba aquel con la bandeja y los vasos desparramados, con las manos sobre su cara, y se escuchaba un sollozo, me acerque y le dije toma, el me miro no entendía, su orgullo lo freno inicialmente a recibir el billete, él había salido aquel día frio a vender honradamente sus postres, a ganarse unas monedas quizá para una familia que necesitaba de esa venta por más mínima que fuera, sin embargo, en un momento lo perdió todo, súbitamente en actitud algo dubitativa escondiendo sus lágrimas estiro su mano, me miro con sonrojo note que no sabía que decir, más de pronto yo era invadido por una sensación extraña, era como si algo tocara lo más profundo de mi corazón, era un dolor y luego sin entender esa tristeza, se inundaba por una fuerza exorbitante, en eso algo me despertó de este éxtasis, escuche una voz tibia que decía gracias, sus ojos se humedecían, y yo sentía que los míos estaban a punto de hacerlo, esboce una sonrisa y seguí mi camino, esta vez iba a la estación del metro, mas ya no estaba ese desgaste invasivo inicial en mí, ahora entraba en un estado de serenidad, tranquilidad, era quizá armonía, mi corazón se sentía sensible, mas también sentía una profunda alegría, ¿Qué era aquello que se mezclaba en sensaciones muy sublimes?, solo sé que estaba ahí ese sentimiento tan grande. El camino a casa en el metro no lo sentí, llegue a ella, en un entusiasmo inusual recibí a Duque, mi perro, quien siempre salía a mi llegada, esta vez notaba la algarabía de este animalito, y en todo estos sucesos yo sentía que me adormecía en aquella alegría, ese día después de tomar la sopa caliente que preparo Marlene con tanto cariño, dormí en una calma absoluta, en un silencio en el que parecía que escuchaba una tonada que me arrullaba. A la mañana siguiente, nada de esa carga aplastante en el trabajo era relevante, aquello que me había sucedido tan simple era infinito.¨

Una historia preciosa, después de un día de agobio por una persona en la cual quizá su concepto falaz de realización se orienta en actitudes y formas de hacer sentir mal a otras personas sin importarle lo que pudiera estar ocasionando, y esto porque en ese poder que ostenta, en ese ego que tiene, tontamente cree que hay un balance, finalmente en esa su controversia, traslada su carga a otros, y tú en ese desgaste, en esa salida buscas un intento de bloquear aquel episodio, pero el espíritu tuyo quería algo más, no podía quedar el día así, y la vida te presenta una situación de un muchacho humilde, muchos pasan por esa vereda e ignoran lo sucedido, otros gritan, insultan, rebajan y lo minimizan, nadie sabe de lo que a ti te había sucedido, tú estabas ahí un actor mas en ese lapso de historia, la decisión era tuya, seguir de largo e ignorar, mas antepones el confort de ir en un taxi y sin pensarlo le das ese billete, en ese momento Dios, sana una de las llagas de su amado hijo, y acaricia tu alma, tú en un acto que no repara montos, costos, desgaste, etc., ayudas aquel joven, y en esa subliminal caricia, es tu espíritu que sonríe, y aquella mezcla de sensaciones de un pequeño momento es simplemente el gozo, aquel gozo que no necesita de un Mercedes Benz, de un terno Ermenegildo Zegna, de un par de tarjetas de crédito Signature o de un fajo de billetes, es una alegoría infinita, una aleluya que no tiene precio, es en ese momento que tu Espíritu sonríe, es una plenitud total.

¡La paz este contigo, la paz sea con nosotros, Shalom!

espirit

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Acerca de rociodl

Soy peruana, ingeniero industrial y economista. Soy ambientalista, protectora de los animales. Me gusta la jardineria, y me encanta bailar, la musica me inspira y emociona. Me gusta escribir, y en cada escritura dejar un mensaje, una enseñanza, una experiencia o simplemente contar un cuento especial. Soy buena amiga, leal a mis principios, y me gusta dar muchos abrazos, soy romantica y soñadora, pero tambien la puedo decir que la vida me ha enseñado a poner los pies en la tierra. Creo que hay personas buenas capaces de hacer sonreir al mas triste, de construir un arcoiris con algo muy simple, sincero pero a su vez grande.
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