Reparación

La vida como parte de una obra perfecta de actuación, de inicio a fin, es una sucesión de experiencias increíbles, a veces se torna en un drama, otras será una tragedia, en ocasiones una comedia, y porque no también una poesía en una alegoría o una romanza;  en el desarrollo de estos itinerarios, experimentamos diversos tipos de sentimientos, como tal, no podemos negar que hay momentos en los que ensayamos sensaciones de dolor, angustia, temor, indignación, frustración, rencor, amargura, y otros más, y en este bagaje de este tipo de sabores que no son precisamente agradables, está el corazón, quien en ese dolor no comprendido o atendido, busca de alguna manera sanar, curar, mitigar, reparar; porque el corazón alberga un sentimiento muy grande y ese se llama amor, y el amor en ese sufrimiento que lo agobia y aprisiona, va clamando de manera silenciosa a la esperanza; al inicio la intensidad de ese llamado será muy baja, casi nula,  porque el gemido que lo arrastra es tan fuerte que lo hace desfallecer en esos intentos, sin embargo, el amor no se rinde fácilmente y como parte de un crecimiento y una autoayuda que busca, su llamada se comienza a matizar de colores más vivos y vigorizantes, entonces, ese eco es mas latente e incesante, y esa melodía sublime melancólica empieza albergar un poco de fe; con el pasar del tiempo será cada vez más fuerte, aunque no nos demos cuenta de manera presente, y es entonces que esa voz interna da inicio a una exteriorización y por ende es escuchada y la vida en esa señal perseverante, nos da más de una oportunidad sin saberlo en su momento, y como prueba de ello contaré una historia:

Había una vez, una niña que entre sus cuatro a cinco años fue internada en el Instituto del Cáncer, lo que se conoce como el “Instituto Nacional de Enfermedades  Neoplásicas”, en esa época quedaba en el centro de Lima. Esta niña no tenía enfermedad cancerígena alguna, pero inicialmente el diagnóstico se aproximaba a ello, en esa estancia que permaneció en el instituto la sometieron a un par de intervenciones. Los niños siempre en estos tipos de experiencias que les genera un temor recurren a su mamá y no quieren desprenderse de ella, pues en esta figura ven una protección eminente y los lazos de amor se hacen más fuertes. Aquel día la volverían a inyectar y anestesiar,  el llanto empezaría por el dolor de aquellos clavados en su bracito, al ser conducida a la sala de operaciones veía a su mami a lo lejos y lloraba porque ella no podía acompañarla. Después de la intervención lo que queda grabado en la  mente de ella, la niña,  es que es llevada a una sala de cuidados intensivos con una campana que la cubre en una camilla, siente voces, ve algo borroso  y ella empieza a llorar clamando a su mamá, las enfermeras poco pacientes la gritan porque sus lamentos les crispa los nervios y le dicen: ¡Cállate, no llores! El tiempo que transcurre para ella en esa sala es eterno y esa angustia no pasa, simplemente sigue llamando a su mamá.

El recuerdo de ese momento, de agobiante sufrimiento, queda registrado en su inconsciente y como tal,  esa sensación vuelve aparecer en situaciones de extremada agonía,  que no tienen que ver con dolencias físicas, sino con un dolor del corazón, en esa desesperación, a solas en un cuarto oscuro, vuelve a llamar a su mamá, porque quiere que por favor la saque de ese lugar donde sufre mucho, quiere que por favor la saque de esa experiencia que hoy le causa un tremendo tormento. Mas cuando reacciona se dice así misma, que no puede continuar en ese limbo, que algo tiene que hacer para salir de esa situación de desconsuelo y de aflicción que la sumerge en un mar de pena infinita, entre sollozos pide poder sanar la herida de su corazón.

Y es así que en el tiempo el eco de sus plegarias se hace presente en el cielo y Dios le dice a la vida que le dé la oportunidad de empezar a reparar esa aflicción.

Ella, la niña que ahora es una mujer, tiene una mascota, una preciosa samoyedo, otro regalo del cielo, otra historia que contar en otro momento, Mía, la samoyedo, entra muy nerviosa ese día a la veterinaria, no le gusta el lugar y cada vez que acude ahí, un temblor en su cuerpecito la invade, ese lindo copo de nieve, Mía, empieza a aullar, en un acto en el que pide que la saquen del lugar; es anestesiada y sometida a una pequeña operación. Mientras ella espera que salga su animal leal de sala de operaciones, no tiene la mínima idea de lo que estará por sucederle, acaba la operación y sacan a Mía en una camilla, y en eso, ella se acerca y escucha su lamento, similar al llanto de un niño pequeño, su corazón se parte al ver ese gemido agudo y sonoro, el veterinario le dice: “No te asustes es natural, no hay dolor físico, el efecto de la anestesia afecta a algunos animalitos, tienen visiones relacionadas con algún trauma”, en ese instante, ella recuerda que Mía anduvo por las calles cuando era cachorra y fue encontrada en un día de lluvia, edad aproximada en ese momento cuatro meses, edad aproximada hoy al día de su operación cuatro años y medio. Mía es llevada a un cuarto  de cuidados, la camilla es depositada en el suelo, en la esquina de ese cuarto hay un labrador Bruno, el cual está internado, Bruno ha sido operado por un cáncer en una de sus patitas, la cual ha sido amputada, y está en proceso de recuperación. Bruno escucha esos gritos de Mía que resultan ser martirizantes en una locura de un gran congoja, Bruno en sus tres patitas se levanta, ella en tanto, se tiende en el suelo al lado de Mía, Bruno se acerca a la camilla de Mía y la empieza a lamer, ese acto para estos animalitos tiene diversos significados: te quiero mucho, te agradezco, te curo, te consuelo, y  Bruno en esa acción buscaba calmar el dolor de Mía, el veterinario le dice a ella: “Háblale a Mía, ella ahora no te ve por secuela de la anestesia y tampoco te puede olfatear, pero puede reconocer tu voz y tu tacto, acaríciala”, y ella recostada en el suelo cerca de la cabecita de Mía mientras la acaricia le dice: “Mía estoy aquí contigo, todo va a pasar, todo está bien Mía, Mía tu eres muy valiente, todo está perfecto, preciosa no hay dolor, ya no llores mas princesita bonita, estoy aquí contigo siénteme, no estás sola, ¡te quiero mucho!”  Al cabo de unos diez minutos la intensidad de los lamentos de Mía empiezan a ser menos sonoros, y Mía se acurruca en los brazos de ella; en ese momento, entra la dueña de Bruno, quien comenta que Bruno está en proceso de rehabilitación, que ha quedado muy bien y que en dos días será dado de alta, la ama de Bruno le da de comer y Bruno sigue aun mirando Mía, pero ya más calmado porque el agobio de Mía se suaviza cada vez más. Ella sigue acariciando a Mía y le sigue hablando de manera muy dulce: “Ya ves bonita, no pasa nada, estoy aquí contigo y no te voy a dejar, escúchame Mía, graba esto siempre: ¡te quiero mucho!” Mía se apega más a ella. La dueña de Bruno le dice: “Que lindo le hablas a Mía, tu voz es muy angelical a sus oídos”, ella sonríe y le da las gracias. Después de una hora Mía comienza a despertar y al ver a ella lo primero que hace un bajo ese efecto de dopaje es moverle la cola, cuando un perro mueve la cola es una señal de alegría, es que está contento y Mía lo está, Mía debido a que su operación es leve, media hora después es dada de alta, Mía antes de salir,  voltea a mirar a Bruno, le mueve la cola y Bruno se echa en las piernas de su ama y se queda dormidito, ya más tranquilo. Mía sale caminando de la veterinaria, aun, un poco mareada y se va a su casa con su dueña.

¡Increíble! ese día mientras ella está en el cuarto de recuperación con Mía, en una fracción de segundo, su mente viaja súbitamente en un momento impensado, al instituto del cáncer, en esa etapa, entre sus cuatro a cinco añitos, asombrosamente en toda esa vivencia, ella que es de lo más sensible, en esta oportunidad está muy serena y tranquila, entregada a Mía, entregada a ella misma. Al llegar a su casa con Mía, ella siente una paz inmensa y una alegría desbordante.

Una linda vivencia, una oportunidad en un evento de amor maravilloso en el que se cura una herida, más de todo esto me toca decirte y decirme: ¡Persevera y piensa que siempre es bueno reparar no solo en nosotros mismos, sino en quien también hayamos causado un gran dolor! La ocasión siempre estará ahí esperando, no la dejes pasar, porque reparar es sanar tú, mi y nuestro espíritu, es un abrazo, una caricia para  el alma.  ¡Que la paz sea contigo y que el amor sea en tu corazón!

Anuncios

Acerca de rociodl

Soy peruana, ingeniero industrial y economista. Soy ambientalista, protectora de los animales. Me gusta la jardineria, y me encanta bailar, la musica me inspira y emociona. Me gusta escribir, y en cada escritura dejar un mensaje, una enseñanza, una experiencia o simplemente contar un cuento especial. Soy buena amiga, leal a mis principios, y me gusta dar muchos abrazos, soy romantica y soñadora, pero tambien la puedo decir que la vida me ha enseñado a poner los pies en la tierra. Creo que hay personas buenas capaces de hacer sonreir al mas triste, de construir un arcoiris con algo muy simple, sincero pero a su vez grande.
Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Reparación

  1. Pingback: Reparación | rociodl

  2. Jack dijo:

    Fascinante y sorprendente

  3. Blanca Dorend dijo:

    Hermosa y enternecedora historia de vida de una nina…ahora noble y bella mujer; amorosa, de gran sensibilidad y amor por los animales. Mia es afortunada de tener una ama como ella..Me encanta !!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s