Una Historia Azul de un Danubio

Una  ilusión  en el siglo XX, era entrar de blanco a una iglesia, con un gran vestido  y luego de la ceremonia hacer un baile solemne de toda una vida, como símbolo de realización mediante un matrimonio que se sellaba con el Danubio Azul. A veces no se da esa oportunidad de traje, ceremonia y caballero; pero el destino en algunas ocasiones juega de manera tan divertida con nosotros y hoy mientras escribo una historia, el viento del recuerdo me acaricia y envuelve en  alegría, risa y emoción al compás del famoso  “An der schönen blauen Donau”  de Johan Strauss.

Sería entre los 9 y 10 años, cuando aquel día el profesor de Ballet, don Mario Arguelles, observó a la clase y de pronto caminando de un lado a otro, dijo muy enfadado  que le faltaba una bailarina para la  gran actuación, entonces  airadamente miro al resto de la clase,  precisamente a aquellas que no habían sido seleccionadas y con un poco de desánimo, sin apostar mucho,  dijo: “Tú, te pones al final de la entrada”;  ‘’ ¿Yo?‘’  ” ¡Sí tú!, no escuchaste”,” ¡Sí, señor! ”. Con cierta incredulidad,  pero con una gran sonrisa en el rostro,  el reto fue aceptado, y muy obediente al final de la fila, no importaba la ubicación, lo que se quería era la oportunidad de bailar. Comenzaron los ensayos, entre gritos y bastonazos, pero el entusiasmo era mayor y más aún al compás de aquella solemne melodía.  En las clases se escuchaba refunfuñar a  don Mario, pidiendo perfección en cada movimiento y postura, el esfuerzo era grande. Si bien es cierto, se iba al último en la fila, por no tener el tamaño de las otras muchachas, quizá por ser una de las menores, poco importaba  frente al gran sueño.  Mientras se daba cada paso al solfeo de la música, era aquella en un respirar intenso una princesa de un castillo de Bohemia, en una danza real, con un corazón que latía apresuradamente, cerraba los ojos y vivía la melodía plenamente, la sensación era más que un ensueño,  tan suave y delicado,  ante un  desliz se lograba hacer un gran “developpé”,  un “arabesque“  aquí y un “pas de vals“ allá, giro a la izquierda y a la derecha, y era quizá  entonces Odette en la opera del “Lago de los Cisnes”, o simplemente la luna bailando en una noche brillante.  Y llego el  gran día,  con los ojos cerrados minutos antes en una elevación se pidió una bendición,  y entonces empezó el famoso 1, 2, 3 en una melodía celestial de violines, en un baile  de nobleza y abolengo, bajo un manto de perfección, con infinita emoción, era como estar en  el cielo y sentirse un ángel de Dios en un Danubio Azul, y en un final de éxtasis con rosas y aplausos.

 Años más  tarde,  al regreso de un centro de estudios de inglés en  Londres,  se sentía la necesidad de conocer la cuna del Renacimiento, Italia, y es ahí que de pronto, puedes darte cuenta lo  divertida que puede ser la vida dependiendo con el cristal que decidas verla, y es así que la coincidencia  una vez más volvería a presentarse o quizá sería un “deja vu” ó ”jamais vu”, lo que fuera que ocurriera de manera recurrente, sería simplemente sorpréndete.

Una primera impresión, a veces,  puede ser no muy grata y más aún si  se torna una discusión con una de las personas de la agencia de viaje, un español, de buena parada, cabellos castaños, con  unos ojos entre verdes y celestes, impreciso de definir, de tez no muy clara: José Luis.

Se emprendió el viaje, por la Riviera francesa, con cierta fricción por aquella discusión inicial,  ya en la entrada a Milán, José Luis comenzó a socializar más, y fue precisamente cuando se cruzaba  por el Mar Adriático  rumbo a la propia Venecia,  al bajar  del barco, José Luis extendió su mano como ayuda en un acto de reconciliación, fue de pronto un chispazo que hizo recodar que al inicio del tour, él  mencionó que su cumpleaños lo pasaría esta vez en Venecia, y entonces una voz  tímida y serena le dijo: “Gracias y Feliz cumpleaños”, miró desorbitado, sin esperarlo, dijo: “Es el primer saludo, nadie se acordó”  y   esbozo  una gran sonrisa y una mirada muy fija a quien le dio ese gracioso saludo, y es entonces que vio una tez algo sonrojada y una cálida perturbación.

El día en los canales de Venecia transcurrió de lo más alegre y divertido con un par de “Oh sole mío” en un paseo de góndola, ya en la tarde de regreso a la ciudad,  y siendo la última noche, se había planeado retornar a los canales y  aquellas calles bizantinas, y es que ameritaba una gran despedida; la intuición decía que esa noche de luna pasaría algo y que había que regresar, sólo que el destino escogería el lugar y momento.  Estando en la ciudad, al ir a cenar como parte del programa, José Luis  esperaba a la entrada, y siendo una de las últimas, él con una gran sonrisa se dirigió a ella: “Estoy esperando un abrazo de cumpleaños” y entre sonrojos y con cierta incredulidad falto decir: “¿Yo?”, rápidamente un vistazo izquierda y derecha, no había nadie más, muy ruborizada pero con mucha tibieza se dio un gran abrazo, en esa respuesta era como perderse entre esos brazos, el  despegué fue instantáneo, más de pronto  había  una mirada profunda, penetrante, era como descubrir un velo y se viera mas allá de aquél abrazo.

Al final de la cena el grupo decidió pasar a un pub que estaba al lado y festejar ahí el cumpleaños. Obviamente, una desilusión cruzó en ese instante  pues  se tenía la intención de regresar a los canales. Empezó a sonar la música, José Luis salió al centro de la pista y saco a bailar a una de las compañeras de viaje, las miradas se centraron en ellos, se veía muy bien a aquella pareja,  Jose Luis tenía un buen  ritmo y una elegancia innata propia de su continente para bailar, sin embargo; alguien robaría las miradas a esa pareja, el grupo de brasileños llamó a bailar a aquella “Donna” ruborizada y  fue que ante una música envolvente, en un ritmo latino que seduce por sangre, en un continente lejano, en un intenso palpitar, es que sientes que aflora una corriente que rebrota en aquello que  se convierte en un torrente muy fuerte y  que bajo una magia gitana envuelve a todos,  y surge un baile sin límite, como una gran revelación de alegría y embrujo, ¡palmas aquí, palmas allá! y es que sólo importaba vivir en cada movimiento, todas las miradas se volcaron en  aquella “Donna”, y se dio una coincidencia de dos miradas que se cruzaron por un instante y que luego  cada quien volvió a lo suyo.  Acabó la pieza y empezó a sonar otra canción,   de manera delicada José Luis pedía a la “Donna” bailar,  y en ese compás, el ritmo, la alegría, el “glamour”, eran el esquema de una armonía y porque no decirlo  la química de una danza, fue una noche en la que se comulgaba en cada melodía, casi  ininterrumpida, sin embargo; de rato en rato aparecía  alguien y robaba una pieza a  José Luis, quien alegremente coqueteaba y bailaba,  y bueno  suele suceder en un mundo real,  más el final no estaba escrito aún, la noche de luna aún seguía, y anunciando la medianoche, pidieron una canción especial para que el agasajado  la bailará, algo cansada la “Donna” estaba sentada en la barra sonriendo, cuando las primeras notas de una sonata  conocida empezó a sonar y entonces el recuerdo de aquella experiencia parecía tornarse en un éxtasis, y transportar a un momento especial, era algo muy superior,  difícil de entender,   la tonada fue reconocida, para ese entonces, alguien había tomado esa mano delicada, con una reverencia José Luis le pidió bailar aquella canción especial de la medianoche,  para sorpresa de todos,  entonces como parte de un sortilegio, el eco del pasado se puede volver tu mejor aliado, era la voz de don Mario, diciendo ¡Posición!  y  otra vez ¡Attitude!, fue tan rápido, y estaba ahí esa mirada, con una gran sonrisa y la música empezaba con ese famoso acorde, del 1,2, 3 y empezó ese vals  celestial, a pesar de esa diferencia de tamaño José Luis dijo: “Es más fácil bailar mirándose a los ojos, más aún si son ellos los que hablan en esa mirada profunda”   y el silencio fue parte de esa danza, la elegancia estuvo presente, era simplemente dejarse llevar, sencillamente era en ese instante parte de un  cuento medieval, era una “Principessa”, era aquella danza que hablaba por aquellos dos, la pieza era interminable, casi infinita, hasta que un comentario se hizo eminente : “Dónde estás? ” “Bailando en la tierra del Duque” y un par de sonrisas en una brillantez irradiante se esbozaron. Y el Azul del Danubio tocó su última nota, en un par de miradas profundas, él no pudo evitar besar aquella mano delicada y preguntar si la noche terminaba ahí y entonces se emitió un suspiro y se dio una respuesta “Esta noche ha sido un regalo precioso, Venecia ha sido maravillosa, me permitió bailar con un príncipe y ser parte de un cuento y siempre estará ahí, algo más podría acabar con este algo especial” Su mirada fue tan intensa, una caricia toco el rostro y un beso en la mejilla, como parte de una venia al entender,  “En tanto tiempo, en tantos viajes es la primera vez que conozco alguien tan especial”, se hizo una reverencia, como cuando cierran un acto en una danza de ballet, se cerró los ojos para grabar aquél momento, y una vez de manera delicada eran besadas las manos y un nombre bajo ese acento español se pronuncio de manera sonora, “Gracias nunca vi tanta belleza junta”… “En la diferencia de las cosas esta el encanto”.

Las ilusiones existen, con emociones que las acompasan de la manera más agradable, simplemente “Apaga la luz y evoca un arpegio, una melodía, y  permítete saborear tu sueño o sueños más preciados”.

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Acerca de rociodl

Soy peruana, ingeniero industrial y economista. Soy ambientalista, protectora de los animales. Me gusta la jardineria, y me encanta bailar, la musica me inspira y emociona. Me gusta escribir, y en cada escritura dejar un mensaje, una enseñanza, una experiencia o simplemente contar un cuento especial. Soy buena amiga, leal a mis principios, y me gusta dar muchos abrazos, soy romantica y soñadora, pero tambien la puedo decir que la vida me ha enseñado a poner los pies en la tierra. Creo que hay personas buenas capaces de hacer sonreir al mas triste, de construir un arcoiris con algo muy simple, sincero pero a su vez grande.
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7 respuestas a Una Historia Azul de un Danubio

  1. jack dijo:

    Apasionante!!!

  2. Blanca Doren dijo:

    Hermosa y bella historia…toda mujer en sus más caros anhelos quisiera tener a un Jose Luis a su saldo que la lleve de su mano a bailar en una noche de ensueño interminable…me encanta!!

  3. Maria Luz dijo:

    Querida Rocio! esta historia necesitaba ser leida en un momento especial, sin apuros, darle un tiempo exclusivamente a asimilarlo con los sentidos y más aún con el corazón. Felicidades!! por haberme transmitido esa magia que los momentos especiales de la vida no son casualidades sino causalidades. Sin duda, la celebración de la vida convocó a Jose Luis y a la Bella Dama para encontrarse en un lugar del mundo en que la sensibilidad y las emociones brotaban por los poros.
    “Donde esta tu corazon ahi esta tu tesoro”. Gracias!!!

    • rociodl dijo:

      Mariluz, gracias por tus comentarios, son muy lindos y estimulantes, que bueno que te gusto la historia. Muy cierto las causalidades se dan por algo, son aproximaciones que un lugar especial y una fecha dada, que quedará registrada, nos hacen ser protagonistas de una historia única en cada ser, somos nosotros quien con esa inocencia y bajo un manto de alegría pintamos sucesos como este!!!
      Gracias por tus palabras, que linda frase con la que cierras tu comentario!!!
      Gracias mil :)!!!

  4. Pingback: Una Historia Azul de un Danubio | rociodl

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